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Bolaño, un perro romántico

Roberto Bolaño, días después del golpe del 73, fue detenido en el sur. Tenía unos veinte años, era flaco, chascón y hablaba con un acento chileno-mexicano que resultó sospechoso a sus captores. Sin más, preso. De ese cautiverio poco se sabe. Luego, un excompañero de liceo, entonces militar, intercedió en su liberación y Bolaño, sin pensarlo dos veces, salió del país, retornó a México, fundó un movimiento literario (el infrarrealismo), hizo amigos y amores, se fue a España y trabajó en lo que viniera. Pero, sobre todo, escribió poesía, que fue su mejor resistencia frente a la rutina. 

De todos esos viajes, experiencias y décadas, Bolaño creó un universo poético que hoy por primera vez está en un solo volumen. Poesía reunida (Alfaguara, 654 págs.) reúne sus poemarios y poemas publicados en revistas, hasta ahora inubicables, mostrándonos algunos temas presentes también en su narrativa: la incorruptible juventud, la valentía de los poetas, el amor por causas perdidas pero auténticas, la pobreza, el sexo y la errancia latinoamericana por Europa. En sus versos leemos referencias a Lisa (su gran amor), a su hijo Lautaro, a sus maestros literarios, a su vida en el D. F. y Barcelona, y a una infinidad de momentos que rememoran su edad dorada, esa cuando ser poeta era su mejor oficio. Ese ímpetu está aquí, en sus poemas breves y prosaicos, que dan cuenta que la escritura, para él, lo era todo. “Que tus palabras te sean fieles”, escribió; un verso que se nos repite como un eterno mantra. 

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